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EL CAMINO DEL,  ¿PORQUE?  al  ¿PARA QUE?

EL CAMINO DEL, ¿PORQUE? al ¿PARA QUE?

Siempre es difícil escuchar sobre la enfermedad del cáncer, mas cuando el
diagnóstico es de una hija de 24 años, se torna devastador. Son palabras que nadie
desearía escuchar y que nunca imaginé escucharía.

Dentro de mi cotidianidad de ego, certezas, apegos y expectativas, no entraban estas                  variables de dolor, pérdida, enfermedad o muerte, como si estas situaciones no formaran                parte de la vida misma o por alguna razón, “mi hija” pudiera estar exenta de ellas.

Tras la noticia pasé por un sinfín de emociones paralizantes y descontroladas como                        miedo, tristeza, impotencia, desesperación, incertidumbre… todas somatizadas en mi                      cuerpo como tensión muscular, insomnio, dolores de cabeza y poca concentración                            entre otras cosas, hubiera querido que todo fuera una pesadilla y no una realidad                        presente que debíamos enfrentar.

Y entonces surge la pregunta ¿porqué? ¿porqué a ella? ¿porqué ahora? ¿porqué eso?  ¿pooooorqueeeé? preguntas que solo llevan a respuestas vacías y dolorosas, a la                          impotencia y a la confusión total.

Hubiéramos querido tener en ese momento, mi hija y yo, una mano que nos
acompañara, una voz que nos diera esperanza. Escuchar que se podía atravesar
este proceso desde la luz y no desde la oscuridad, que se vale llorar, pero también
reír a pesar de la tristeza. Que alguien nos infundiera la confianza de saber que las
decisiones que se tomaran en cada momento y en cada circunstancia serían las
mejores. Y sobretodo que nos recordaran que todos tenemos la fuerza y los recursos
para salir adelante en cualquier situación.

Por lo cual, valoro y agradezco la iniciativa de “AlcanC”, ya que el contar con un
acompañamiento emocional en esos momentos, en donde el dolor y la vulnerabilidad
rebasan los limites de la persona, es una ayuda invaluable

Y probablemente como familiares o amigos, nos sintamos conmovidos y movidos por
un deseo profundo de ayudar y es fundamental que nuestra compañía sea desde la
paz y el respeto y no desde un caos invasivo. Por lo cual, me parece importante que
tanto el paciente, como quién acompaña cuente con ayuda emocional, apoyo
espiritual o algún espacio en donde se pueda expresar, clarificar, desahogar, revisar
necesidades y evaluar las posibles estrategias terapéuticas.

También porque es común que como madres absorbamos el papel cultural de                          mediadoras, sobreprotectoras o cuidadoras incansables. Yo así me viví en este
proceso, aparentando una fortaleza y una tranquilidad ficticia, manteniendo una paz
inexistente, conteniendo y disfrazando emociones para que los demás no tuvieran
que vivir lo que yo estaba sintiendo. Y así me di cuenta que lo que agota, no son las
emociones que sentimos, sino el tratar de contenerlas.

Entonces decidí dejar de actuar, empecé a reconocer y a sentir. A expresar el miedo
que sentía, a desahogar mi tristeza y a enfrentar la incertidumbre, prácticamente vivir
lo que habitaba en mi. Y así, pude abrazar mi vulnerabilidad y compasivamente
darme la mano, para ayudarme a salir del pozo en que me había sumido.

El expresar me llevó a la aceptación, y la aceptación acabó con mi resistencia, acabó
con mi negar y con mi re-negar, y con esto logré pasar del ¿porque?, a preguntarme
¿que hacer?. Lo cual me movió a la acción, a poner mi energía en la solución y no en
el problema y desde esta comprensión pude propiciar un mejor ambiente, encontrar
alternativas y tratamientos complementarios de sanación y poner toda mi energía en
acompañar de una manera funcional y objetiva.

En definitiva, estas experiencias dejan nuevas formas de percibir e interpretar la vida,
nos llevan a comprender que lo que nos toca vivir es parte de nuestra tarea en la
tierra y que lo mejor sería convertir nuestras adversidades en retos, manteniendo
presente nuestra fuerza interna, la gran resistencia y resiliencia que poseemos como
seres humanos y la capacidad de nuestro organismo para volver al equilibrio si
logramos mantener la mente en donde está el cuerpo.

Por otra parte, pasado el tiempo y a la distancia, descubrimos el ¿para qué?.
Pregunta que se responde desde la conciencia misma y conlleva un profundo
significado personal que alimentará por siempre nuestro camino espiritual.

Lic. Claudia González Ancira                                                                                                 Acompañamiento grupal y Capacitación

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