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DUELOS Y PÉRDIDAS

Intento solamente compartir mi experiencia y todo lo que a mi me ha ayudado a superar los duelos y las pérdidas a los que me he enfrentado.

A pesar de ser una persona que tiendo a ver la vida con optimismo, a encontrar los detalles valiosos y sencillos que me ofrece cada día y aferrarme a lo positivo., hay momentos y épocas en las que el dolor llega, se impone y generalmente éste no viene solo si no que se presenta con varios eventos a la vez, o como una cadena de acontecimientos. Es por esta razón que hay un dicho que dice: “Bienvenido seas mal…… si vienes solo”.

Ni como hacerle para evadir el sufrimiento y es momento de sacar a flote todos los recursos de los que estamos dotados, para hacerle frente. A través de los años, me doy cuenta que para enfrentar el dolor y superar los duelos me ha ayudado mucho el entender que es un proceso, largo o corto, según el tamaño de la pérdida. Este abarca varios pasos que van desde la negación, el coraje, la negociación y la tristeza, hasta llegar a la aceptación y recobrar la paz. *

El entender este proceso, me ayuda a permitirme vivirlo sin prisas, con paciencia y sin auto exigencia, saber que “está bien” sentir TODO lo que estoy sintiendo: Resistencia, coraje, ira, rebeldía, tristeza, desgano, etc, sin juicio y sin brincarme pasos. Algunas veces en medio de un duelo o una pérdida las personas dicen: “deberías dar gracias a Dios por……..” o “algo vas a aprender de todo esto”, etc., cuando lo único que quieres es llorar. Por ejemplo, imposible agradecer o buscar aprendizajes o ver los beneficios de lo que está pasando antes de tiempo, cuando por fin llegas a la aceptación, esto vendrá por añadidura.

Para mi es imposible superar las crisis, duelos o pérdidas, sin hablarlas y compartirlas en un ambiente seguro, con personas con las que me siento totalmente en confianza, que se que me entienden y no me juzgan. Agradezco tanto el contar con personas que siempre están cerca y dispuestas a escucharme, es invaluable el regalo que han aportado a mi vida.

Con el solo hecho de hablar y expresar, no importa si el problema esté resuelto o no, me siento mucho más ligera. Es una sensación de saber que no estoy sola, que mi carga es compartida y sentir que Dios camina a mi lado, pero en la piel de mis hermanos. No me parece sano ni me ayuda el no expresar, de hecho, me parece un riesgo.

Mientras lo guardo solo para mi, todo es confuso, oscuro, enredado., y en la medida que lo voy hablando, entra nueva luz, voy acomodando piezas y me da la oportunidad de “escucharme” y avanzar.

También tengo claro que el paralizarme y no hacer nada, tampoco me ayuda. Mientras no tenga claro que pasos conviene dar, es importante para mi mover mi cuerpo: caminar, hacer ejercicio, acomodar mis cosas, trabajar en el jardín, comer sano y rico, estar en contacto con la naturaleza, etc. Todo esto me ayuda a recuperar energía, a distraerme y salirme un poco de la obsesión mental que se presenta durante las crisis o los duelos.

Me doy cuanta que el convivir con niños, es muy esperanzador y relajante, porque los niños viven el presente y eso se contagia. Tener un niño cerca, en momentos así, es una bendición.

Cuando no encuentras respuestas, cuando no se ven alternativas, cuando sentimos que la vida nos rebaza o que solos no podemos, es el momento de humildemente pedir ayuda. La ayuda siempre está a la mano, es solamente cuestión de buscarla y estar dispuestos con valentía a recibirla.

En épocas difíciles, quiero estar más cerca de las personas que amo y me aman, es como atender una necesidad de buscar mi “base segura”., ese lugar en donde puedo ser tal cual yo misma, sin máscaras, sin poses y saber que soy aceptada totalmente.

La Fe ha sido también un elemento importante en medio de mis pérdidas, sobre todo fe en mi misma. Si en medio de la tormenta puedo tener la certeza de “Yo voy a estar bien, a pesar de todo”, tal vez no ahorita, pero saber que cuando esto pase, estaré bien., es como un ancla que impide que me hunda, es como un salvavidas de esperanza.

Y Fe en Dios, no en cuanto a creer que van a cambiar las circunstancias, sino en la sensación de sentir su presencia en todo momento, de saber que “no estoy sola”, de que vivo acompañada desde el interior, desde lo más profundo de mi ser.

Cuando vivo una crisis, como que se me antoja encontrar culpables y descargar todo el coraje y la rebeldía en ellos. Me dan ganas de echar sapos y culebras y pelearme con la vida, con los demás, con Dios, etc. Si en esos momentos encuentro el valor suficiente para voltear a verme a mi misma, por difícil que sea, podré aprovechar la oportunidad que se presenta de cambiar en mi lo que hace falta, soltar lo que ya no sirve y desarrollar recursos nuevos.

Las circunstancias, lo entiendo muy bien, muchas veces no las puedo cambiar, no dependen de mi, pero siempre podré elegir con qué actitud enfrentarlas, esa parte solo me toca a mí, es un gran consuelo saber que se trata de salir de la crisis fortalecida, no disminuida.

En este momento me siento llena de gratitud por la oportunidad que me brindan de compartir mi experiencia.

Lic. Cecilia Sotomayor Reyes                                                                                          Acompañamiento Grupal y Capacitación

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